Aprendiendo a escuchar

Publicado por Mauricio Moncada en

Y que importancia tiene en el aprendizaje.

"Las palabras se toman por de quien vienen",  Así dice el proverbio chino.

Y es que cuando escuchamos a alguien decir algo, no sólo escuchamos las palabras. Usamos mucho nuestro “Sentido común (Prejuicio)” para interpretar el mensaje. Tomamos en cuenta la opinión que tenemos de la persona que habla. Incluso si no conocemos realmente a esa persona ya que consideramos factores como la vestimenta, imagen física, edad, entorno, parecido físico, etc.

Me preguntaba cuánto realmente centramos nuestra atención en las palabras y cuánto en las personas que las dicen.

Escuchar

Ciertamente no podemos dejar de lado el hecho de que las personas hablamos conforme nuestros intereses, creencias y demás. Y que siempre hay una historia detrás de las palabras que decimos. Pero entonces, ¿cómo podemos tener la certeza de que la historia que reconstruimos a través de esas palabras es realmente la que el interlocutor intenta reflejar? Siempre hay negociación, cuánto más conocemos a la persona, existe una probabilidad mayor de que obtendremos el mensaje pretendido. Pero existen también otros factores que solemos olvidar: las personas cambian, las perspectivas cambian y si nos hacemos a la idea de que una persona es siempre la misma, dejaremos de escucharla. Y eso porque asumimos que ya la conocemos, y cualquier cosa que diga será discurso conocido, su monotema… pero quizás no sea así. Básicamente le estamos negando el derecho a ser escuchado.

Todo esto tiene que ver con el hecho de que siempre situamos las cosas en un estado permanente… creo que es un defecto evolutivo por así decirlo. Necesitamos guardar una imagen de algo para poder recordarlo y darle sentido. No vivimos conceptualizando el dinamismo que nos rodea. Si así fuera, probablemente no podríamos conocer nada… no reconoceríamos patrones y todo estaría difuso en nuestras mentes.

Esa forma de interpretar, centrándolo todo en una historia de la persona (en una catalogación o etiqueta de la persona) está muy arraigada en nosotros. Tan arraigada que creo que muchas veces ya no vemos a la persona, sólo su imagen, y mucho menos sus palabras, las palabras que ahora puede estar articulando… y que creemos que las hemos oído tantas veces que han perdido sentido. Y algo que se nos olvida es que esas palabras las tenemos que vincular no sólo con la persona, sino con la situación del momento; en su contexto, pues. Así, las intenciones o intereses del que habla pasan a un segundo término. Las palabras cambian sus significados cada vez que las enunciamos, pues están vinculadas con un mundo distinto cada vez.

Entonces, ¿cuál sería mi receta? escuchar las palabras… escuchar el mensaje literalmente, situarlo… analizarlo… Después, ya después de hacer eso, ver de dónde vienen esas palabras… conectarlas con la persona que las enuncia. Pero sólo entonces, sólo después de haber conectado esas palabras con su entorno.

Creo que es así como deberíamos escuchar a las personas… Como quien dice, en dos fases. 

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