La alegría con los niños

Publicado por Doriana Vega en

Ya era hora de empezar a observar atentamente las emociones. Sabemos que un desarrollo emocional equilibrado es la clave para una vida saludable, productiva y satisfactoria.

Los niños, tienen sensaciones muy fuertes desde el momento de su nacimiento. Pero sus primeras sensaciones son pocas, y están limitadas a los aspectos más primitivos, como aflicción y disgusto.

Solamente con el paso del tiempo florece todo el abanico de las emociones. La capacidad de alegría precede a la de tristeza en varios meses, y años después se presentan las capacidades de envidia y confianza en el grupo social. En este artículo hablaremos de la alegría, la cuál es una de las emociones básicas del ser humano, junto con el miedo, la ira, la tristeza y la sorpresa.

La alegría es un estado de ánimo agradable y vivo, fresco y luminoso, generador de bienestar general, que produce altos niveles de energía y una disposición a la acción constructiva.

 

 

La alegría es la emoción que más favorece la comunicación interpersonal porque es una emoción extrovertida y nada selectiva. ¡Podemos y queremos compartir la alegría con cualquiera!

Es sinónimo de sonrisa y risa, que a su vez provoca cambios en el funcionamiento del Timo (órgano linfoide que fortalece el sistema inmunológico y produce bienestar físico y mental).

Es muy importante enseñarles a los niños a vivir felices, a vivir con alegría, a disfrutar de las pequeñas cosas que nos ofrece la vida y, también, es necesario enseñarles a celebrar los pequeños momentos positivos de cada día. 

 

La alegría como emoción básica tiene diferentes funciones:

  1. A nivel fisiológico: Libera la tensión del cuerpo y disminuye las hormonas que se activan en situaciones de estrés.
  2. A nivel social: Favorece las relaciones interpersonales. Nos ayudan a entrar en contacto con los demás, es una forma de relacionarnos y crear vínculos con el exterior, a la vez que mejora nuestra autoestima.
  3. A nivel emocional: Nos hace ser más empáticos y aumenta nuestra sensación de bienestar. Ayuda a resolver los conflictos de una forma más satisfactoria.
  4. A nivel cognitivo: Favorece la creatividad, aumenta los niveles atencionales, mantiene la motivación y aumenta los pensamientos positivos.

Los adultos deben aprender a celebrar los buenos momentos con los niños, pero también hay que saber que, en ocasiones, hay que controlarla. En ciertos momentos esa alegría que ellos suelen expresar con gritos, deben disminuirla, por ejemplo, si la abuelita está mala en el hospital.

 

Interpretando emociones.

Debemos ser buenos observadores de las expresiones de alegría de los niños.

Cuando un niño no manifiesta esta emoción, ¡hay un problema! Cuando no la expresan de manera espontánea, ¡a nuestro hijo le pasa algo! Son niños que posiblemente perciben el mundo como un lugar hostil y para los que las relaciones con los demás no son agradables (por timidez o porque tienen experiencias negativas); niños que se cohíben, se inhiben y se manifiestan más bien tristes.

 

 

En este caso lo mejor es observar para buscar la razón o el motivo: si es cuando viene del colegio, cuando está en casa o, si fuere el caso, que haya entrado en un estado emocional en el cual no se le ve sonreír.

Manejo de las emociones

Todas las emociones vividas con alta intensidad requieren ser atendidas y gestionadas.  Si no le damos una salida adecuada a la alegría pueden surgir ciertas dificultades, por ejemplo: cuando la alegría es muy elevada en los niños puede provocar dificultades en la atención y concentración.  También puede generar conductas impulsivas sin tener en cuenta posibles riesgos (un abrazo demasiado fuerte al compañero, tirar las cosas sin querer, ir de excursión y salir corriendo del autobús para llegar cuanto antes al destino).

 

¿Cómo podemos ayudar?

  1. No referirnos a las emociones como buenas y malas (negativas o positivas), si no como agradables o desagradables, porque todas nos enseñan algo.
  2. Fomentar la expresión de todas las emociones, sin sobrevalorar la alegría.
  3. Valorar las cosas positivas del día sin ocultar o pasar por alto aquellas que no han sido tan agradables.
  4. Ayudar al niño a identificar la alegría muy intensa y hablar con él de las posibles consecuencias que pueda tener.
  5. Enseñar al niño técnicas de relajación. Ayudar a calmarse en momentos de mucha alegría (abrazarle, hacer que respire, hablarle con calma)

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