La serpiente Paulina

Publicado por Mauricio Moncada en

Autor: Mauricio Moncada Vega.  Edad 7 años.

Había una vez una alegre serpiente llamada Paulina que vivía en un desierto lejano.  Paulina era muy curiosa y le gustaba salir a pasear al atardecer cuando el sol comenzaba a meterse.

Serpiente

Un día salió a pasear por las arenas del desierto y se alejó mucho de su casa. Se alejó tanto que se perdió y no sabía cómo regresar.

En todas direcciones solo veía arena y más arena. Nada le indicaba cuál era el camino a su casa.

Ya estaba oscureciendo cuando se encontró con su vieja amiga Max.  Max era una gran tarántula negra del desierto que, aunque atemorizaba a muchos, era amigable y un poco temerosa.

Araña

Paulina sintió mucha alegría al encontrar a su amiga, y de inmediato le contó que se había perdido.

Max le dijo que no se preocupara, ya que ella conocía bien el camino y con gusto la ayudaría. A Max le encantaba visitar a su amiga la serpiente Paulina, así que fueron juntas y así pudo Paulina regresar a su casa.  "Muchas gracias Max, eres una gran amiga", le dijo Paulina.

 

Al día siguiente Paulina se sintió más confiada para ir a pasear más lejos, así que salió temprano en busca de una nueva aventura. 

Esta vez siguió una dirección en línea recta, pensando que así no se volvería a perder tan fácilmente. Recorrió una gran distancia hasta que vio un pequeño oasis.

Se emocionó mucho porque sabía que ahí encontraría agua, sombra y hasta pequeños animales para comer. Quizá hasta podría quedarse a vivir ahí.

Oasis

 

Estaba tan feliz recostada a la sombra cuando un águila la vio desde lo alto.

Era un águila blanca con grandes garras y pico amarillo.  El águila se llamaba Mauri y estaba hambrienta.  Buscaba desde hace días algo de comer, así que cuando vio a esta pequeña serpiente se dejó caer sobre ella con sus enormes garras filosas.

Aguila

Cuando la serpiente Paulina sintió sus garras, soltó un grito y comenzó a retorcer su cuerpo para soltarse, pero con nada de lo que hacía lograba soltarse.

Paulina sintió que era su final y lamentó nuevamente haberse alejado tanto de su madriguera.

Repentinamente sucedió algo increíble. Otro animal llegó al pequeño oasis en busca de agua y comida. Era un gran león que al ver al águila se acercó sigilosamente y se lanzó sobre ella para devorarla.

Los leones son excelentes cazadores, así que atrapó fácilmente al águila y dejó ir a Paulina.  “No le gustaba el sabor de las serpientes”.

Leon

Paulina tuvo mucha suerte otra vez, y pudo quedarse a vivir tranquila con su nuevo amigo.

Fin.


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